OCEANÍA


Oceanía parece un verdadero paraíso terrestre. Lagos color turquesa, arena fina, sol y siesta debajo de una palmera... ¡los atractivos de este continente-archipiélago dan envidia! A todo esto se puede añadir la dulce sensación que tienen los europeos de ver un viaje a Oceanía como una estancia en el fin del mundo, ya que se sitúa en las antípodas del Viejo Continente.

En medio del océano Pacífico, Tahití y toda la Polinesia Francesa atraen a los turistas gracias a sus piraguas de colores y sus casas sobre pilotes que dominan el mar y las mantarrayas. El clima, particularmente clemente, explica el interés por este destino, al igual que los bailes de las embriagadoras vahinés de Tahití en Bora-Bora. Nueva Caledonia también tiene su atractivo, gracias a sus aguas cristalinas y a la cultura kanak, que puede ser descubierta en el centro cultural Tjibaou, ideado por el famoso arquitecto Renzo Piano. Las islas en las que no se habla francés como las islas Fidji, las Samoa o las Tonga, no sólo ofrecen la posibilidad de tomar el sol en playas de arena blanca, sino que también permiten acercarse al famoso haka de los maorís.

Los cinco archipiélagos de la Polinesia Francesa representan todo un paraíso en el inconsciente colectivo. De hecho, la imagen de las idílicas cabañas sobre pilotes ha dado la vuelta al mundo. Ideales para una escapada relajante y romántica, las 118 islas y atolones también ofrecen una pletórica oferta para los amantes del deporte y la naturaleza: caminar en plena naturaleza, bañarse bajo las cascadas, hacer un picnic al estilo Robinson Crusoe frente a la puesta del sol, visitar espacios exóticos, encontrarse con los habitantes de cuatro patas, escamas o plumas, etc. Paisajes espectaculares para explorar en barco, a caballo, a pie o en 4x4.